galería studio cerrillo / san cristóbal, chiapas

19 July - 14 August, 2008

Leonardo Toledo
Matrimonio y Mortaja



Apologética sintética
Leo artista, leo Leo


A Leonardo David Toledo Garibaldi también le podrían haber diagnosticado el TDAH, Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad; nuestrxs amigxs de Tepoztlán habrían jurado que es un niño índigo. Para mí que sencillamente es de esas personas que tienen los nervios pegados al aire, como sondas, de tal suerte que se les hipersensibiliza la conciencia y la epidermis.

Algunos de estos individuos son tan vapuleados por los sistemas disciplinarios de las instituciones sociales primeras (familia, escuela, clínica u otra religión, etc.) que nomás terminan por convertirse en neuróticos, reprimidos-represores y farmacodependientes frustrados. Otros encuentran terapias alternativas para lidiar con este mundo. Y están los que de diversos recorren el camino de la fuga: el arte.

Leonardo David fue lastimado por lxs artistxs (sepa él quién fue el primero y cuándo), y no le cicatriza la herida. Para distraerse del dolor pasa horas mirando la televisión, viendo todo el cine, todo el video. Observa absorto imágenes que existen, y que no. Inventa sus fotografías años antes. Su cabeza es una linterna mágica. No puedo negar (ni tendría por qué) mi admiración.

Para aguantar la vara --con la que será medido-- transmuta sus vivencias sociales en inventos en solitito; o sea, viene del familiar bar, del fiestón, de la expo, del calor en carretera, de la aburridísima reunión, del amor, del trabajo, y se saca un choro o un poema. O no; o la avidez no lo deja y, apenas descansa el cuerpo y las neuronas, y ya hasta ora anclado a la web, a los sitios de extrañxs que inventan cosas, dichos y otras rutas para el gran escape.

Precisamente porque este mundo no está diseñado para la vida armoniosa de este tipo de gente, este tipo de gente tiene mucha chamba. Esta gente no obedece, no se está quieta, no está conforme nunca, nunca satisfecha. Avidez y corazón rebelde; inteligencia desbordada que no admite presiones productivistas o protocolarias. Se meten en broncas por naturaleza. Increpan a lxs demás porque, por si fuera poco, no tienen pena ni prurito para decir lo que piensan, ser quienes son. Leo a veces se queda callado, pero esas veces es porque algo le da güeva.

Leo, como esta gente, está siempre como que le pica la cola; no puede, no sabe, no quiere estarse quieto. Olisquea, husmea, hurga en todos lares. Estudia esas carreras que le permiten chismear con autoridad, y encima opinar y criticar. A veces es insoportable. No sabe unx cómo, pero de pronto ya siente unx ganas de gritarle y pegarle, y es entonces cuando unx se da cuenta de lo que este artista ha hecho ya con unx, nos ha herido igual, tan contundentemente como le hicieron a él. Puede mirarse como una ruin venganza, un ciclo traumático no superado, pero para mí que es un modo consuetudinario de hacer metafísico parentesco sin sangre ni fluidos de por medio. Lxs artistxs como Leo, vendrían a ser como los zombis, hieren a los vivos para hacerlos iguales... o suyos (todavía no estoy segura de la diferencia).

Hacer-existir como una misma ruta de escape, en lugar del puro aullido, o del existir.Transmutación de la idea a la materia gracias al efecto de ir-haciendo-pian-pianito, poquito de mucho. No poder negar la cruz de una parroquia propia, o de una pesadilla primigenia, un sueño repetitivo, una necesidad de fundamentos. Existir-hacer, ir poniendo la siguiente piedra sobre la que se dará el siguiente paso para cruzar el arroyo. O sea, malestar, esfuerzo, trabajo, padecimiento... lo que le llaman arte, lo que le llaman cultura. ¿Somxs o no somxs todxs la misma especie? ¿Vamos a andar distinguiéndonos con el narcisismo de la pequeña diferencia o de la propia estirpe? La singularidad de Leo como artista es esa permanente convocación a re-ligarnos, re-conocernos, aguzar la memoria detrás de nuestra vanidad, y a hacer ese acto mínimo en la Tierra, para lo que --si acaso-- es que venimos: a dejar huella.

Tal vez fue aquél venado con el que Leo hablaba el que le mordió sin querer el alma. A lo mejor fue más bien una de esas mordidas que nos da la crudita realidá: Leo de 6 años se puso de acuerdo con sus compañerxs de clase para llevar al día siguiente sus muñecos y juguetes y compartirlos y jugar; los hijos de sus madres, cuando Leo vació expectante la bolsa en que los llevaba, le espetaron decepcionados y burlones, casi asqueados: "¡Pero si sólo son piedras!"

[Espacio y tiempo para re-imaginar el hecho]


Aquél acontecimiento como estigma le reveló algo sobre sí mismo y sobre el mundo. Olvidarlo pudiera ser su mayor deseo. No olvidarlo ha sido una hazaña. El arte ¿que és entonces sino ese pasatiempo vital, a veces relajado, a veces compulsivo, que nos lleva por la espiral del deseo y el olvido?

Copilco, Ciudad Monstruo
Alicia Andares






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